jornada reducida

¿Hay vida laboral después de la reducción de jornada? #dosmesesdespués

Hace ahora exactamente dos meses pensé que hoy publicaría un entrada llamada «¿hay vida laboral después de la baja por maternidad?», pero hoy, superadas las crisis iniciales de «mi hijo no me reconocerá» y «me apetece un pimiento ir a trabajar», creo que el verdadero reto ha sido la elección de jornada reducida.

Han sido muchos los cambios en tan poco tiempo, no solo a nivel laboral. Y todos esos cambios me han hecho incluso llegar a considerar pedirme una excedencia hasta el primer año de mi bebé, algo que creía que nos ayudaría también a solventar los problemas de pareja (yo ignoraba, cuando me incorporé, que estaban obligados a reservarme el puesto durante el primer año de la excedencia). Pero al final sigo yendo a trabajar, por el momento, y voy superando como puedo las cargas de trabajo que me llegan como si nadie recordase que menos horas implica también menos sueldo.




Es la eterna guerra. Yo asumo que voy más estresada por salir antes y querer dejarlo todo hecho (sabía que esto ocurriría), pero tengo que echar balones fuera ante los «trabajillos extra» o los «házmelo para ya, que me urge”, que antes me hubiesen tenido haciendo horas extra like a bitch.

Pues no. Ahora me he tornado una respondona. «No», esa palabra que tanto me ha costado siempre, ahora es mi mejor aliada, y mi jefa pues… poco a poco, va asumiendo que tiene que trabajar (oops!) y que no puede chutarme lo que le plazca con el claro objetivo de que hacer más de lo que me corresponde justifique «el privilegio» de salir antes.

Pues es un privilegio bien caro: eoooooo, ¡¡que cobro 700 euros menos al mes!! No pretendas que curre lo mismo… Y si lo pretendes y entonces comenzamos a funcionar como en los países desarrollados de verdad, y lo hacemos por objetivos de trabajo y no por horas sentados tocándonos el toting, pues entonces hablemos de recuperar mi sueldo primero, que yo estaré encantada de tener esa conversación. Sin mencionar claro, que me ofrecí primeramente a hacer las mismas horas pero en jornada continuada (sin las absurdas 2 horas para comer, que acabas trabajando…), y me fue rechazado.

jornada reducida

Y sí, me conecto también desde casa para currar. Esa es la gran putada pues, al final, las horas corren, pero hay momentos en los que me cuesta dejar de mirar los correos de trabajo que me entran en el móvil (otra pesadilla, no se debería obligar tener móvil de empresa a las personas con jornada reducida) y siempre hay alguna crisis que necesito apagar para quedarme de nuevo tranquila. O sea, que trabajo lo mismo que antes, ea.

¿Balance? Creo que ahora soy mucho más eficiente que antes (señores directivos, estudien a empresas como Iberdrola y conozcan las ventajas de las jornadas continuadas ya, hágannos el favor), curioso que cobre menos por ello (creo que esto lo había mencionado ya 😉 ). Las mañanas de trabajo se me pasan volando y sí, todavía me quedan algunos minutos para la creatividad…

La parte mala es que no puedo ver cómo mi hijo se despierta, que es la cosa más dulce regalándome una gran sonrisa llena de sinceridad. Y también que por las tardes está a un ritmo mucho más solicitante que por las mañanas, con lo que tengo que ingeniármelas para ofrecerle emociones hasta el agotamiento (el mío, claro).

Ah sí, y también tengo que aguantar los típicos comentarios de compañeros, como “qué morro que te vas ya” o “vaya suerte”. Creo que serán también mis argumentos cuando alguien, a final de mes, me diga que ha cobrado… Bueno, sobreviviremos a esto también.
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